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El robo que enfrenta a Uber con Google

En 2009, como parte de su cartera de proyectos secretos, Google comenzó a desarrollar algo bastante alejado a sus productos tradicionales. Bajo el nombre clave Google Car, el proyecto buscaba crear un vehículo inteligente capaz de manejarse de manera automática y segura a través de la ciudad.

La iniciativa ahora se convirtió en una oportunidad de mercado. Tanto, que en lugar de Google Car pasó a llamarse Waymo, una nueva compañía bajo el alero del gigante tecnológico Alphabet (que alberga a Google), y la competencia no tardó en llegar. Empresas como Audi, Volvo y Tesla Motors también han presentado sus propios métodos de conducción autónoma en paralelo a que la legislación se ponga al corriente con esta nueva forma de transportarse.

 

Uno de los actores que se unió a esta carrera fue Uber. La compañía lanzó el año pasado su primera flota de taxis autónomos en Pittsburg y San Francisco (EE.UU.), poco tiempo después de haber comprado la empresa Otto, una naciente compañía de Silicon Valley dedicada a la automatización de camiones, para poder usar esa tecnología en sus propios taxis.

Uber llevaba un tiempo trabajando la idea en su centro de desarrollo en Pittsburg, pero la rapidez con que la compañía presentó una versión comercialmente disponible de sus autos levantó serias dudas.

Dudas que al parecer tenían sus fundamentos luego de que se conociera una demanda lanzada por Alphabet en contra de Uber por robo de información que habría perpetrado un exempleado de la compañía. Un caso que pone en juego la relación entre ambas empresas considerando que Google es uno de los inversionistas de Uber, en una relación que está a punto de quebrarse.

Desde adentro

La figura clave para entender toda este lío es Anthony Levandowski, un ingeniero industrial que trabajó en Google desde 2007, primero en Street View y luego, integrándose al proyecto Google Car tras la adquisición por parte de la compañía de 510 Systems, una empresa paralela de Levandowski que había comenzado a experimentar con la conducción autónoma.

La razón por la que Google se interesó en el trabajo de Levandowski fue el uso de la tecnología LiDAR, sistema que utiliza rayos láser y otras emisiones luminosas para detectar el ambiente y así poder darle al auto la información necesaria para navegar de forma segura.

Levandowski fue parte del equipo que terminó creando el sistema LiDAR que hoy utiliza Waymo en sus proyectos. Un sistema que la compañía describe como único por su configuración y que es tratado como si fuera la fórmula secreta de una gaseosa. Secreto al que Levandowski tenía acceso.

En enero de 2016 decidió dejar Google para formar su propia empresa, Otto, donde buscaba crear camiones inteligentes utilizando la tecnología LiDAR. La nueva firma fue anunciada en mayo de ese año y dos meses después fue comprada por Uber por 680 millones de dólares, una cifra bastante alta para un proyecto nuevo, pero que Uber argumentó pagar porque buscaba integrar esa tecnología en sus automóviles de transporte y además contar con la experiencia de Levandowski.

La operación marchaba del todo bien, hasta que un correo electrónico lo cambió todo.

Uno de los proveedores de componentes para los sensores especiales de Waymo envió un correo, al parecer por error, con dibujos del diseño de la placa de circuitos del sistema LiDAR de Uber, el cual tenía una similitud casi exacta con el proyecto de Google, ese mismo que era guardado bajo siete llaves.

Una auditoría reveló la trama. Seis semanas antes de su renuncia, Levandowski llevó un disco duro personal y se puso a copiar datos confidenciales de la compañía: 14 mil archivos que contenían planos y detalles internos del proyecto, todo reunido en cerca de 10 GB de peso.

Los datos fueron obtenidos usando un computador de la empresa, al cual Lewandowski le instaló programas especiales para tener acceso a archivos de diseño a los que él no podía acceder. Luego, formateó el computador para tratar de no dejar rastros y pasadas unas semanas, renunció para armar su propia empresa.

En paralelo, la relación que había establecido Uber con la U. de Carnegie Mellon para el desarrollo de vehículos autónomos desde el año 2015, se congelaba. Alphabet demandó a Uber, alegando que esta construyó el mismo sistema de detección de Waymo en solo nueve meses, algo que a ellos les tomó años.

La situación dejó en una incómoda posición a Uber y a su CEO, Travis Kalanick, que no sólo deber enfrentarse en tribunales a Google, que en 2013 invirtió 250 millones de dólares en la aplicación, sino que además se suma a la seguidilla de acusaciones internas en la empresa. Varias exempleadas acusan a Kalanick de mal trato y rechazan su nombramiento como parte de un comité tecnológico de Donald Trump, al cual debió renunciar luego de una campaña en donde miles de usuarios borraron la aplicación a modo de protesta.